La crisis actual no es sólo de carácter coyuntural, sino que ha puesto en evidencia desajustes estructurales de nuestra economía, mostrando un mayor impacto en ciertos sectores con un importante tejido de pymes intensivas en mano de obra. Probablemente, en la escena económica han aparecido cambios que van a tener un impacto permanente en la gestión empresarial, y es por ello por lo que las pymes deben estar preparadas para adaptarse al entorno inmediato que se avecina. Por tanto la adaptación a las nuevas tendencias, necesidades, gustos y exigencias de los clientes es parte de la filosofía con la que hay que encarar el nuevo panorama que se presenta en tiempos de dificultades. Y es que no hay que olvidar que, aunque la correcta gestión de costes y de las finanzas de la empresa son completamente necesarias, los recursos de los que se dispone hay que encontrarlos en el mercado; si dejamos de atender nuestros clientes rentables, a medio plazo estamos agravando la situación empresarial.
Podemos afirmar que la evolución en el entorno económico provoca la necesaria reacción de las empresas para adaptarse a los nuevos factores influyentes. Y cuanto más rápidos sean esos cambios, mayor es la velocidad de adaptación que debe guiar las decisiones empresariales. Centrarse en los problemas internos, sin mirar las nuevas amenazas y oportunidades que surgen diariamente es un elemento de peso para entrar en una situación de crisis en la empresa. Conocer la gravedad de los problemas que tenemos dentro y también los peligros que nos acechan es esencial para poder responder ágilmente, y poder estabilizar la situación. En momentos de crisis y por tanto de cambios bruscos, es necesario conocer con la mayor exactitud posible tres elementos: cuál es la verdadera situación de la empresa, cuál es la tendencia de esa situación y cuál puede ser el escenario futuro si la situación se prolonga.